29.3.08

¿Democratización en Cuba?

Los nuevos retos de Raúl Castro

Las últimas semanas han estado acompañadas de un cierto aire de cambio en Cuba. Después de que las expectativas de transición se habían casi extinguido entre los habitantes de la isla, debido a la manera conservadora en la que el nuevo Presidente Raúl Castro constituyó a su gabinete, las esperanzas volvieron a hacerse ver cuando se anunció una serie de nuevas políticas económicas. Entre ellas destaca, por ejemplo, el hecho de que los habitantes podrán comprar libremente celulares y computadoras, productos que antiguamente se adquirían solamente en el mercado negro, o que eran reservados para las empresas y ciertos mandos políticos.
Algunos medios de comunicación han hablado incluso de la posibilidad de abrir al público en general los hoteles que actualmente son exclusivos para el turismo extranjero. Con todo ello, el socialismo cubano parece hacerse cada vez más laxo, después de que el pasado mes de febrero, el comandante Fidel Castro anunciara su retiro (al menos en puestos oficiales) de la política. Sin embargo, muchos han atribuido estas mutaciones económicas a la necesidad del Partido de legitimarse ante una oposición creciente. En ese sentido, la democratización del sistema parecería aún lejana.
En su obra “La Poliarquía”, el politólogo norteamericano Robert Dahl señala dos pasos necesarios para que una hegemonía cerrada transite hacia un grado incipiente de democracia: el aumento en la representatividad del régimen (a partir de un mayor grado de participación) y la liberalización, que se genera a partir de una mayor intensidad en el debate público. En el caso de Cuba, se puede apreciar el hecho de que, aún bajo el mando de Fidel y a pesar de que existía un sistema de partido único, el régimen tenía un amplio grado de representatividad, ya que los ciudadanos podían (a través del Partido Comunista) acceder mediante votaciones, a cargos públicos. Las elecciones, aún cuando su legitimidad haya sido cuestionable, se llevaban a cabo en todos los barrios de la isla. Con ello, el caso cubano se inclinaba más hacia lo que Dahl denomina como una “hegemonía representativa”.
Sin embargo, el gran reto que tenía, y aún mantiene la isla, es intensificar el nivel de debate público. Hoy en día, los ciudadanos pueden participar en la política, siempre que su posición sea leal a los ideales y principios del Partido. La oposición no se ha podido institucionalizar y la libertad de medios es aún nula (el Periódico Granma del gobierno es el diario oficial de la isla).
La pregunta es, entonces, si la nueva administración cubana estará dispuesta a dar mayor apertura política o no. En palabras de Dahl, esto solamente ocurrirá cuando el precio de tolerar a la oposición sea menor a lo que hoy tiene que pagar el gobierno cubano (en términos económicos y de apoyo social) por reprimirla.
En ese sentido, las acciones de Raúl Castro parecen ser muy acertadas para permanecer en el poder, pues con los cambios económicos, la popularidad del régimen parece estar resurgiendo.

Fotografía: casaspider

1 comentario:

Veronika dijo...

Muy interesante ... celulares y computadoras a cambio de silencio ..