El país de Martin Luther King; de John F. Kennedy, de George Washington y la Declaración de la Independencia. La patria de peregrinos que buscaban una tierra prometida; que buscaban alcanzar un sueño…y que viven en ese sueño. “La tierra de los libres y el hogar de quienes tienen valor”.
Al mismo tiempo, la tierra de las “Brujas de Salem”; la de miles de pueblos tradicionales: metodistas, protestantes, cristianos. La de quienes no aceptan cambios; de quienes quieren imponer su forma de pensar y ser en el mundo entero; el país de George W. Bush y su cruzada en contra del terrorismo. La Nación que se creyó por completo la historia de Hussein.
Así vive Estados Unidos hoy: en medio de una encrucijada. Dividido entre lo tradicional y lo moderno; entre la batalla por imponer la democracia y la lealtad a su parroquial sistema electoral. Entre consumismo, capitalismo, liberalismo, individualismo…y costumbres aferradas en las mentes de cada uno de sus habitantes. Entre un norte vanguardista y un sur de cuello rojo…entre Alabama y Nueva York.
Y así también, vivirá este año la contienda electoral, cuyo tablero ha quedado fincado y los jugadores finalmente han cobrado nombre…y bandera. Barack Obama salió esta noche a anunciar que ha obtenido el número de delegados suficiente como para hacer oficial su nominación como el próximo candidato demócrata. Así, quedó atrás el rostro que Hillary Clinton le podía haber dado al partido: uno de firmeza, de compromiso y de un pasado renombrado…pero de ninguna manera uno que apelara a la parte sensible de la gente, aún cuando por ser mujer, muchos así lo hubiesen imaginado.
La cara emocional de los demócratas es y siempre ha sido Obama: un afroamericano sonriente, que narra su historia personal y con ella la de muchos. Una persona joven, vívida, carismática y según una canción que se ha vuelto famosa entre los norteamericanos, incluso bien parecido. El heredero oficial de los Kennedy, Barack Obama es la ilusión y la luz que muchos empiezan a ver al final de un túnel construido por la guerra y por la desaceleración económica.
Sin embargo, el final del año será, como ha ocurrido en muchos países últimamente, y como se dio en Estados Unidos en el 2000, un final de fotografía. Con el aplazamiento de la elección de candidato, los demócratas consiguieron enfocar la atención pública en su partido; no obstante, ahora que ya tiene un rostro, el sistema bipartidista tenderá naturalmente a repartir a la población de manera un tanto equitativa entre las opciones. Será muy sencillo: uno es antítesis del otro. En palabras de Bush: o estás conmigo, o estás en mi contra.
Y esto será algo de lo cual McCain querrá aprovecharse si desea llegar a la Casa Blanca. Teniendo el apoyo del Presidente, el candidato republicano ha sido hasta hoy un símbolo de continuidad en un proyecto. Ha empezado en las últimas semanas a distanciarse de la presente administración, y lo seguirá haciendo con mayor ahínco conforme se acerque el día de las elecciones. Sin embargo, el momento económico mundial, le brinda la cómoda posibilidad de permanecer cercano al actual gobierno: ante la incertidumbre, lo estable; ante el miedo, lo seguro. Es bien sabido que la táctica que a George W. Bush le funcionó de maravilla para fortalecer su frágil legitimidad de un inicio en el 2001 (ante la controversia por Florida un año antes) fue precisamente esa: el pánico masivo.
Hoy inicia una batalla de contrastes raciales, de edad y de símbolos. En el ring se enfrentarán entonces dos enemigos: la ilusión contra el miedo; y sobre todo, la tradición contra la esperanza. El que sea capaz de fijar con mayor profundidad la emoción que le corresponde personificar en el electorado, se convertirá en el próximo presidente de los Estados Unidos.
Fotografía: weblogs.newsday.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario