5.11.08

El gran John McCain

No dedicaré esta columna al próximo presidente de Estados Unidos, Barack Obama. No hablaré sobre la apantallante victoria que tuvo frente a su opositor, superando los 330 votos electorales. No entraré en detalle a cerca de la singularidad de las campañas de este año, ni de la manera en que fue utilizado el Internet para llegar a los jóvenes y recaudar fondos.

Tampoco haré gala de la civilidad de los estadounidenses por haber superado sus diferencias raciales y haber escogido al primer Presidente afroamericano de su país en la Historia.

No hablaré de todo eso, porque todo eso ya ha sido dicho. Me referiré más bien a un pequeño detalle que quizás a muchos se les ha escapado: el discurso en el que John McCain aceptó su derrota.

Antes de que se dieran los resultados oficiales; a pocos minutos de haber cerrado las casillas en Alaska, el senador y ahora excandidato republicano, salió a afrontar a sus seguidores con las palabras: “Hice una llamada a Barack Obama para felicitarlo porque se convertirá en el próximo Presidente de Estados Unidos”. Después, agradeció a quienes trabajaron arduamente en su campaña y con humildad dijo: “el fracaso no es suyo sino mío”. Finalmente, pidió que a partir de ese momento se dejaran atrás las diferencias partidistas y se cohesionara nuevamente la sociedad, pues a final de cuentas, todos son estadounidenses.
¡Qué importante es que el candidato que perdió la contienda haga eso! Incluso Robert Dahl explica que una de las características mínimas para que la democracia se consolide debe de ser eso: que la oposición tenga la certeza de que tendrá una nueva oportunidad eventualmente, y que por lo mismo acepte su derrota. Es lo que se denomina una sólida “institucionalización” de la democracia.

Vayamos a lo ocurrido hace poco más de dos años y quizás tengamos una respuesta a nuestra duda sobre porqué México no tiene el mismo nivel de desarrollo que su vecino del norte. En nuestro país, apelar la elección es ya una tradición del candidato que pierde. La palabra fraude se utiliza con tanta facilidad, que ha perdido su verdadero significado. El candidato que no gana llama a seguir luchando porque se esclarezca la “verdad” (su verdad). Y con ello, confronta aún más al país; no permite que cicatricen las heridas de campaña; divide a la opinión pública y no permite que las instituciones tengan credibilidad por parte de los ciudadanos.

El hecho de que John McCain haya pronunciado el discurso ayer, reconociendo su derrota antes de que siquiera Obama apareciera en cadena nacional, habla de un grado de cultura y de compromiso social mucho mayor de la clase política de ese país. Tendió una base para que el próximo Presidente (“my President” como lo llamó) pudiera hablar una hora más tarde a todos los ciudadanos, y no solamente a algunos.

El sistema electoral estadounidense tiene enormes defectos de representatividad. Sus políticos forman parte de una élite en Washington que es difícil de remover; su sistema no le da voto directo al ciudadano; su democracia solamente tiene dos opciones reales en cada elección. Pero si hay algo que podemos aprender de ellos, es la humildad de saber aceptar una derrota para exigir que se respete nuestra eventual victoria.
Fotografía: pastemagazine.com

1 comentario:

Veronika dijo...

Es verdad lo que dices. Sin embargo, creo que en un pais con una historia de corrupcion tan fuerte (como el nuestro), es dificil aceptar la victoria a sabiendas de que en muchas ocasiones esta no es real.