5.11.08

Juan Camilo

Quienes decidimos estudiar política, elegimos una de las carreras más difíciles. No tanto por la carga académica; no tanto por el nivel de dificultad técnico; es una de las profesiones más difíciles porque detrás de ella existen enormes implicaciones.

Estudiar política significa, antes que nada, tomar una decisión más allá del beneficio personal.
No lo hacemos por vivir el resto de nuestras vidas de manera cómoda. Sabemos que nos enfrentamos al desafortunado destino de jugar un juego socialmente repudiado. Entendemos que nuestros logros serán, en el mejor de los casos marginales (y muchas veces insignificantes).

Estamos conscientes de que no llegaremos a ser ricos, y que si por razón alguna esto sucede, siempre tendremos detrás de nosotros al escepticismo y al fantasma de la corrupción. Nos enfrentamos a ser odiados, criticados y degradados por la misma gente a la que buscamos dar una mejor calidad de vida; nuestro mayor reto es seguir convencidos de nuestros ideales frente a la apatía y al juicio perene de la sociedad.

¿Por qué decidimos entonces hacerlo? ¿Por qué estudiamos una carrera que solamente puede ofrecer un futuro tan desalentador?

No lo hacemos por darnos el lujo personal de martirizar nuestro futuro por adelantado; las razones van más allá de un ego personal…de querer ver nuestros rostros en un libro de texto gratuito o en un billete en ciento cincuenta años. Van mucho más allá de una banda presidencial en el pecho.

Estudiamos política porque creemos en un proyecto de nación. Porque sabemos que en un país como el nuestro, dedicar nuestro talento (por muy grande o pequeño que éste sea) a alimentar una cuenta bancaria personal es un derroche y un lujo que no nos podemos dar. Estudiamos política porque aspiramos a un futuro mejor. Porque estamos conscientes de que no existen los cambios audaces; porque no hay “fórmulas transformadoras” ni “soluciones únicas”. Estudiamos política para no hacer política; estudiamos política precisamente para no ser políticos.

Dedicamos nuestra vida a la política, no por ser mesías poseedores de la verdad, sino por ser capaces de transformar ciertas instituciones (reglas), o ciertos mecanismos, o ciertos valores y aspirar a que en el largo plazo esto sea significativo. Lo hacemos, sí, porque queremos ser agentes de cambio. Ya sea a través de un cargo público, o de evaluar una política, o de denunciar un error en una columna como ésta, o de crear una hipótesis teórica con aspiraciones de ser comprobada, quienes estudiamos política lo hacemos por el bien común.

El esfuerzo de hacer política tiene recompensas muchas veces invisibles y satisfacciones efímeras; pero siempre lleva consigo el gran honor de servir a México.

Es así como debemos de recordar a quienes hace unos días fallecieron en la avioneta que cayó en la ciudad de México: como personas que dedicaron sus vidas a la política. Juan Camilo Mouriño, Luis Santiago Vasconcelos, Miguel Monterrubio, Arcadio Echeverría, Norma Díaz y Julio César Ramírez Dávalos entregaron sus vidas a la lucha por un México más seguro y con mayor justicia.
Las transformaciones que por su trabajo se han logrado en México en este sexenio no son cambios deslumbrantes ni provocarán milagros económicos; son pequeños avances que afinan a la maquinaria de la evolución nacional, pero sin los cuales, no sería posible lograr progreso alguno.

Sería hipócrita de mi parte admirar a los acaecidos, maquillando sus acciones para martirizarlos. Ni el Secretario de Gobernación, ni los integrantes de su equipo fueron perfectos; seguramente en ocasiones cometieron costosos errores para nuestro país. Su muerte no debe significar tampoco aplausos para el Gobierno Federal; mucho menos votos de lástima para su partido.

Pero como sociedad, y más allá de la ideología con la que simpaticemos, es menester valorar la decisión que cada uno de ellos tomó cuando eligió el camino de la política. Porque más allá de morir en ella, el honor para cada uno fue haber vivido por ella, y eso no puede ser sino digno de nuestro respeto y admiración.

Si es posible obtener algo positivo de momentos tan oscuros, que en este sentido, sus vidas nos sirvan de ejemplo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Daniel de vdd te felicito por esa entrada!!! Ojalá todo el mundo pensara como tú. Saludos!