10.3.09

El caso sin caso


El jueves pasado, unos días antes de que Nicolás Sarkozy llegara a México, el diario Le Monde publicó en su página 4 una entrevista que tuvo en Los Pinos con el Presidente Calderón sobre el narcotráfico y la “valiente guerra que encabeza su gobierno” en contra del crimen organizado.

En el Hexágono, las críticas no se hicieron esperar. La campaña que durante los últimos meses ha promovido Calderón, con la bandera “los consumidores estadounidenses tienen la culpa de lo que sucede en México”, tuvo gran éxito mediático, y quizás también electoral, en nuestro país. Pero viéndolo a distancia, los franceses tienen una perspectiva distinta. Para ellos, culpar a los norteamericanos por la violencia que ocurre en México es una simple estrategia del Ejecutivo.

Por su parte, la opinión pública mexicana también fue dura con Sarkozy. Desde que aterrizó su avión, fue etiquetado como el abogado que llegaba a nuestro país para defender a Cassez de las manos de la “injusticia” mexicana. El Presidente galo era para los mexicanos el truhán de la impunidad.

Y al mismo tiempo, cada uno de los mandatarios tenía una responsabilidad con su pueblo. En México, sabemos, el caso de Florence se convirtió en un estandarte mediático. Dejarla ir se convirtió tanto como en la tumba del PAN en las elecciones; la aprobación de Calderón se centró una vez más en una decisión meramente política y no técnica.

Irónicamente, además, la única solución que tenía el Presidente de México era caer en una falacia: “no cumpliremos con la ley (con el tratado de Estrasburgo) porque estamos librando una batalla en contra de la impunidad”. La ilegalidad combatiendo a la ilegalidad…y cada una con su “razón” que lo justifica.

Sarkozy, de su lado, también sufrió las consecuencias en los medios. Desde el leal Figaro (diario de derecha) hasta Le Monde y Liberation, aprovecharon el momento para juzgar al mandatario.

Si abogaba por Cassez, se le criticaba por desaprovechar una visita de tanta relevancia a México para tratar un asunto privado y sin importancia; cuando se anunció la “comisión bilateral” para analizar el caso, en México se vio como la “puerta trasera” de Calderón para permitir el traslado sin resultar culpable; en Francia fue “un gasto más de Sarkozy, que se da el lujo de arreglar asuntos privados con los impuestos de los franceses”.

Pero también hubo críticas para el Presidente francés por no haber abogado lo suficiente; por no haber visto a favor de los franceses; tales críticas vinieron de las visiones extremas que a diferencia del mandatario, sí ven a México como un “Estado fallido”.

Triste entonces, que la visita de quien hace unos meses ocupaba la presidencia de la Unión Europea, y que hoy se levanta como uno de los líderes más importantes del continente, no haya rendido los magníficos frutos que pudo haber dado para ambos países en torno a inversiones, tratados de justicia y narcotráfico o apoyos durante la crisis. Por lo contrario, fue solamente una manera de subir el rating de los noticieros mexicanos, vender más diarios franceses y promover los discos de Carla Bruni.

Imagen: eleconomista.com

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