El ex candidato sobrevive políticamente a la elección del PRDLa crónica de una crisis post-electoral anunciada ocurrió durante las semanas previas al día en que los perredistas emitieron su voto para elegir a su próximo Presidente del CEN.
Se advertía, desde temprano, que la falta de un registro certero de afiliados y la gran rivalidad entre los dos candidatos más fuertes, daría pie fácilmente a lo que hoy vemos: un PRD dividido y con un rumbo incierto.
A pesar de que tanto Jesús Ortega como Alejandro Encinas, candidatos punteros durante toda la campaña, ofrecieron promover la unidad dentro del partido y la conciliación entre facciones (o “tribus”), hoy es claro que el partido más importante de la izquierda en México se encuentra lejos del consenso interno. Tal fue el grado de enemistad provocado durante el proceso, que incluso el fundador y líder moral Cuauhtémoc Cárdenas, cuya posición siempre había sido institucional, se pronunció a favor de la anulación de las elecciones.
Con este incidente, se recalca el hecho de que la izquierda mexicana, que tanto se había fortalecido en las últimas décadas del siglo pasado, llega a un punto de quiebre ideológico. Tras haber encabezado la lucha por la democracia durante sexenios, parece que el olvido de tan importante abanderamiento (malentendido como sinónimo de transición) ha dejado a este sector político, incluido al PRD (su único partido con posibilidades reales de obtener el poder) sin causa común, desenmascarando así las grandes divisiones y las pocas coincidencias que tienen sus integrantes.
Tal oportunidad no ha sido aprovechada por los partidos pequeños (del Trabajo, Convergencia, Alternativa), que se han limitado a mantenerse al margen, demostrando justamente su inutilidad en la vida pública nacional. Al no ejercer presión demostrando una opción seria, dejan de ocupar ese vacío que se hubiese podido convertir en una mayor representación para los mismos en las intermedias del 2009 (más aún con las trabas que se les han incluido en las recientes reformas electorales, que comprometen su permanencia como partidos políticos).
Ante ello, Andrés Manuel López Obrador ha sabido reconstruir el capital político perdido durante el segundo semestre del 2006, y se ha posicionado como líder de la oposición. Su gran incidencia en los temas de la agenda pública (principalmente la reforma energética y el caso Moruiño) le ha brindado la posibilidad de reubicarse, con o sin Encinas al mando del Partido de la Revolución Democrática. Teniendo el completo apoyo de los gobiernos de Tabasco y del Distrito Federal, además de cierta base social que aún lo sigue (su Convención Nacional Democrática), el ex candidato presidencial ha sobrevivido políticamente, y lo seguirá haciendo a falta de un nuevo liderazgo carismático que parece ser indispensable en el PRD como modelo de sustitución. Parece ser que la elección del nuevo Presidente del partido no era tan importante como se creyó.
1 comentario:
El artículo es bueno, logras abarcar la crisis, la separación ideológica de izquierda así como la lucha interna por el poder y el segundo aire de AMLO de una forma muy digerible y acertada.
Todo esto lo digo no sólo para chulear el artículo ni creyendo o siendo (como tú sabrás) un experto en la materia, pero creo que le das poca importancia a la evidente corrupción tanto interna como del proceso electoral que se ha dejado ver con el proceso poco nítido que ha sucedido en "el conteo" de los votos y todas las declaraciones que se han dado despues de las elecciones.
Este es mi humilde punto de vista...
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