10.9.08

Gasolina, desarrollo y votos

Gran controversia desató la declaración de Augstín Carstens, Secretario de Hacienda y Crédito Público, sobre la reducción gradual del subsidio a las gasolinas. Los aumentos en los precios, que solían ser mensuales, ahora ocurrirán cada semana, con lo que el precio del combustible Magna podría llegar a entre 8.50 y 9 pesos para finales de este año.

La justificación de Hacienda es que el subsidio afecta a las finanzas públicas, representando cerca del 10% del Gasto Público Total del Gobierno Federal. Cada año, cerca de 240 mil millones de pesos se destinan a este ramo, lo que –según Georgina Kessel- equivale al mismo presupuesto que se le dio al campó este año.

Es por ello, que la política Federal pretende redirigir los recursos destinados al subsidio hacia otras áreas de mayor necesidad, como el campo y el desarrollo social.

No cuestiono la necesidad que existe en este país de aumentar las transferencias a partir de la recaudación fiscal, y transformar los subsidios generalizados en focalizados para evitar la pérdida de eficiencia. Particularmente en temas como el desarrollo social, educación y salud, es evidente que la inversión no solamente es necesaria sino indispensable en un plazo inmediato.

Sin embargo, me pregunto si el Presupuesto de 2009 que pretende el Gobierno Federal, y la Ley de Ingresos, que supone los cambios antes mencionados en cuestión de combustibles, logren en efecto el objetivo detrás del cual se ha escudado la Secretaría de Hacienda.

Me preocupa particularmente el efecto perverso que podría tener la decisión de Hacienda en un momento tan delicado en la economía mundial; si bien en teoría la gradualidad y la magnitud del aumento en los precios de las gasolinas no deberían de generar una espiral inflacionaria, eso no significa que dejará de existir quien procure redituarse oportunamente del contexto y justificar así aumentos en los precios de productos básicos.

Más que eliminar el “subsidio a los ricos” (que tampoco sería cierto, pues según el INEGI, en México existían cerca de 30 millones de automóviles en el 2006, cifra que evidente y desafortunadamente no equivale a la clase alta nacional), la reducción al subsidio podría tener un mayor impacto en los deciles sociales más bajos.

Brillante idea será –políticamente hablando- incrementar el presupuesto de SEDESOL, en un año electoral como lo será el 2009. El notable incremento en la estimación del precio del petróleo de Hacienda (a 80 dólares por barril), reducirá los excedentes que se destinan comúnmente a ramos opacos en la administración estatal y municipal. Así, el PRI (cuya participación es mayoritaria aún en gobiernos locales) tendrá menos recursos para promoverse en el 2009, mientras que las delegaciones de la Secretaría de Desarrollo Social gozarán de un amplio margen de maniobra.
Parece ser que Felipe Calderón aprendió bien la lección del 2006, y entendió que la promoción del voto por su partido el próximo año se verá muy limitada por los cambios en la Reforma Electoral del 2007. En ese entonces, el Tribunal Electoral advirtió que “el Presidente (Vicente Fox) había incidido con sus declaraciones en la intención de voto, pero que era imposible medir la magnitud de tal incidencia.”

La campaña que emprendería el Gobierno Federal, de aprobarse el presupuesto que envió al Congreso, no solamente incidiría en las elecciones intermedias a favor de Acción Nacional, sino que podría ser controlada directamente desde Los Pinos.

Fotografía: jornada.unam.mx

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