Hace unas semanas, un sonriente Felipe Calderón se congratulaba en el Club Económico de Nueva York porque, a diferencia de antaño, México no contraería neumonía a causa de la gripa económica que hoy ataca a Estados Unidos.Quizás el primer mandatario no se percataba, en ese momento, de que lo que sucedería unos días más tarde en el país vecino sería mucho más que un resfriado. Cuando Calderón realizó tales declaraciones, el Dow Jones no había caído aún por debajo de las 10,000 unidades por primera vez desde el 2004; el paquete de rescate económico no había sido rechazado, modificado y aprobado por el Congreso americano, demostrando que el esfuerzo del Estado por intervenir había llegado demasiado tarde.
Y entonces, los estornudos empezaron…
El 2 de octubre, el Banco de México reportó una reducción de 12.2% en las remesas enviadas desde Estados Unidos, causada principalmente por el aumento en las tasas de desempleo de migrantes mexicanos.
Ese mismo día, el precio de la mezcla mexicana de petróleo llegó a 77.97 dólares por barril, cayendo por debajo del precio promedio que estableció la Secretaría de Hacienda para calcular los ingresos de la Federación en 2009.
Es cierto que el sistema financiero mexicano es mucho más sano hoy que en nuestras experiencias previas; con la reducción de la deuda pública en el sexenio pasado, y con una tasa baja de moratoria en la deuda privada, no viviremos una crisis similar a la que hoy ocurre en EE.UU. Eso, sin embargo, no significa que no sufriremos las consecuencias de mantener una relación económica tan dependiente de las exportaciones a ese país.
Por lo pronto, a muchos mexicanos ya nos ha empezado a doler la cabeza, y no podemos evitar sentir los primeros síntomas de una larga gripa.
Fotografía: economiadelasalud.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario