El precio de las acciones de en la bolsa se define con base en la ley de la oferta y la demanda. Cuando hay muchos compradores, el precio sube; por lo contrario, cuando aumenta la cantidad de oferentes, hay una disminución del valor percibido.Ese es el precepto que rige a cualquier mercado competitivo, incluyendo el de la política; la única diferencia en este caso es que lo que está en juego no es el precio sino la popularidad.
Entendiéndolo en ese sentido, podemos decir que ha llegado el momento de que quienes tengan acciones de Andrés Manuel López Obrador las vendan, pues están a punto de percibir las consecuencias de la crisis…no una crisis financiera, sino una crisis de legitimidad política.
Desde aquel mes de julio de 2006, en el que López Obrador logró reunir a dos millones de personas en el zócalo capitalino, la popularidad del tabasqueño ha ido en declive.
Es cierto…queda aún el voto duro del político; un grupo radical que no entiende razones sino pasiones. Pero la mayor parte de quienes alguna vez lo creyeron una buena opción para ocupar el mayor cargo de elección en este país, hoy han perdido fe en su causa.
Y AMLO lo sabe. Sabe que es difícil llegar a las próximas elecciones; sabe que pronto será sustituido por el proyecto fresco de su pupilo político que ocupa la jefatura del gobierno del DF. Sabe que ha tenido que dar un paso hacia abajo, para colocarse como líder de una masa sin razón ni objetivo.
Así es; el movimiento de López Obrador es un camaleón multifacético que adopta la figura que le conviene. Un ser amorfo que se disfraza para la ocasión…a veces siendo una Convención Nacional Democrática; otras llamándose Movimiento en Defensa del Petróleo; unas más son parte del Frente Amplio Progresista, o incluso militantes comunes del PRD. Pero los seguidores ya no son solamente “lopezobradoristas”.
Y ¿Qué será la próxima vez? ¿En qué se convertirá ahora que se ha aprobado una reforma energética que el presidente mismo del PRD calificó como “no privatizadora”? ¿Qué será de él cuando las infundadas protestas se agoten? Quizás López Obrador se percate ahora de que su verdadera vocación siempre fue defender a los maestros en contra de la “mañosa” Alianza por la Calidad Educativa; o tal vez recuerde, con esto de la crisis económica, que su destino manifiesto era ver primero por los pobres.
Cual figura de acción, el ex candidato tiene aún muchos nichos por cubrir: “Andrés Manuel el ambientalista”; “Andrés Manuel el indigenista”; “Andrés Manuel el feminista”…las excusas para atraer reflectores son inagotables. Pero con cada cambio de piel, va perdiendo también a parte de su base social que hoy es una diminuta y agotada minoría.
López Obrador no cambiará de estrategia. Desde sus inicios políticos, ha sabido jugar su papel: victimizado, desaforado, usurpado, defensor de las causas perdidas…héroe del pueblo contra la “mafia que nos roba”. No se da cuenta de que su discurso se ha estado vendiendo muy barato, y que con ello, las acciones de su causa han perdido demanda y que hoy están a punto de ser retiradas del mercado.
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