27.11.08

Qué será

Último artículo publicado en ocho80 en otoño 2008

Ha sido un año difícil; uno de los más difíciles de las últimas décadas. A principios de diciembre del 2007, el Índice de Precios y Cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores se ubicaba en los 31,269 puntos. En el momento en que esta columna se escribe, el mismo índice marca 19,297: una reducción mayor al 60%. El dólar tiene ya semanas fluctuando entre los doce y los catorce pesos por billete verde.

Antes de navidad, se habrá rebasado la cifra histórica de 4,500 ejecuciones.
El 2008 será recordado sí, como el de la reforma a Pemex; como el del adiós de Fidel Castro; como el de la reelección de Zapatero y desde luego como el de la victoria de Obama…pero en México será también el año en que murieron Fernando Martí y Juan Camilo Mouriño; el año de la tragedia de Newsdivine; el año de los decapitados; los cuerpos encontrados; las narco-fosas. El 2008 fue el final del neoliberalismo desproporcionado.

Un contexto como éste, no puede traer sino desesperanza para muchos rumbo al 2009; particularmente, quienes advierten que este año ha sido tan sólo el prólogo de lo que sucederá a partir de enero, dejan en evidencia las grises expectativas, no sólo nacionales sino a nivel mundial. No podemos ignorarlo: estamos por vivir una de las recesiones más intensas desde la tercera década del siglo pasado.

Pero más allá de dedicar la última columna de este semestre a hacer un recuento de los innumerables tropiezos que hemos visto en estos once meses, mi deseo es convertir este espacio en una ventana que nos permita, como miembros de la comunidad académica que somos, hacer un análisis crítico de lo que queremos y proyectamos rumbo al año nuevo.

El 2009 será un año electoral; los políticos estarán muy ocupados en convencer a la gente de que su partido no es el culpable, y que más allá de ello, es la solución; la iniciativa privada se encargará solamente de enfrentar la crisis: hacer cambios estructurales; despidos; redistribuciones de personal...todo para que sus utilidades se reduzcan en el menor grado posible. Lo que quiero decir es lo siguiente: si no es desde aquí: desde el ámbito universitario, de donde surgen las propuestas y las ideas, no vendrán de ningún lado.

Muchas veces, inmersos en la globalización, nos da por suponer que nuestro esfuerzo estará diluido; que las “soluciones poderosas” tienen que venir de las cabezas de los organismos y los Estados alrededor del mundo. Nos limitamos a analizar al equipo económico de Barack Obama; o la decisión de subastar dólares de Guillermo Ortiz; o el Programa para Impulsar el Crecimiento y el Empleo de Agustín Carstens. No podría haber aseveración más equivocada que ésa.

Somos testigos de la manera en que se está escribiendo uno de los capítulos más tortuosos de la historia contemporánea de nuestro país; es momento de que dejemos esa posición y nos convirtamos en los agentes de cambio que escriben esa historia. En cada decisión, por grande o pequeña que ésta sea, somos transmisores de ciertos valores e ideólogos de una forma de vida.

Dentro de un año, nuevamente estaremos haciendo el recuento de lo que sucedió. A sabiendas del enorme reto que traerán los 365 días que existen entre hoy y el entonces, propongámonos como país que ese día nuestra anécdota tenga más construcciones y menos sueños.
Imagen: hilaryshepherd.com

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