20.11.08

Uroboro

¡Hubo fraude en las elecciones! ¿Quién lo hubiera dicho? Esta misma frase, que hace apenas veinte años unió a todas las izquierdas del país, hoy las tiene al borde de la ruptura.

En ese entonces, Cuauhtemoc Cárdenas utilizó el gran capital social que había generado durante el proceso electoral, para conformar al Partido de la Revolución Democrática. Por primera vez, la izquierda sería tomada en cuenta; por primera vez, ocupando cargos en los distintos ámbitos de gobierno, podrían construir el México que tanto habían soñado.

El PRD no era “un partido más”; no podía ser ignorado. En contra de sus más profundos deseos, el nuevo Presidente sabía que debía verlos…y escucharlos. Durante los siguientes años, el partido del sol azteca fue adquiriendo aún mayor fuerza. En 1997, se convirtió en el primer (y hasta ahora único) partido a cargo de la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal. Para entonces, ya era una de las tres bancadas más importantes en las Cámaras y en el 2006, pasó a ser la segunda fuerza política en San Lázaro.

Pero a pesar de todos estos logros, seguimos sin ver a un Partido de la Revolución Democrática totalmente institucionalizado; más que un partido sólido con un plan de trabajo fijo y proyectos a largo plazo, el PRD sigue siendo una aglomeración de tribus de identidades y objetivos múltiples. Quizás es justamente a causa de sus orígenes tan diversos (después de todo, el único común denominador entre sus integrantes era la lucha en contra del PRI), que hoy no es posible advertir una visión única en sus filas.

Estar en el PRD nunca es ser solamente perredista; el caudillismo que ha caracterizado al partido, desde Cárdenas hasta AMLO; desde Encinas hasta Ortega…las esferas políticas que gravitan alrededor de líderes (los “bejaranistas”, los “amalios”, los “chuchos”) le dan una complejidad tal al partido que lo vuelve inamovible, torpe…rígido.

Ayer, Alejandro Encinas pronunció unas palabras en una conferencia de prensa, para dar a conocer las decisiones que había tomado (a nombre de sus seguidores, desde luego).
Específicamente advirtió que hoy más que nunca, es necesario un PRD unido que sea capaz de enfrentar a la derecha conformada por el PAN y el PRI. Inmediatamente después, profundizó la ruptura: “no nos vamos del PRD” pero Jesús Ortega fue impuesto por el Estado. El exalcalde convocó a un movimiento para “rescatar” al partido que –a su parecer- ha sido secuestrado por “quienes se han enquistado en su burocracia” (refiriéndose a los seguidores de Ortega). ¿Qué se puede esperar de la izquierda institucional mexicana a la luz de esto? ¿Cómo se puede augurar, si no adverso, el resultado para el PRD en el 2009? ¿Quién, por más que mantenga ideales de justicia social y reconozca las fallas de libre mercado, podría tomar seriamente al PRD como una opción de gobierno?

El Partido de la Revolución Democrática es víctima hoy de sus propias virtudes; lo que un día la fortaleció, hoy la convierte en un caníbal que destruye a lo propio y no construye a su favor; como el uroboro, el PRD se ha transformado en una serpiente que dedica su existencia a morderse la cola.
Imagen: cartón de Paco Calderón (REFORMA)

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