22.1.09

Comandando la incertidumbre

Entrada # 60

Muy poca gente conoce el nombre de Alberto Korda, cuyo arte se puede admirar en el mundo entero: en mercados sobre ruedas y de artesanías de Latinoamérica; en estampados de boutiques vintage en Estados Unidos; en pequeños cafés europeos…y desde luego en los engomados de muchos vehículos; las remeras de estudiantes universitarios, postales y en un millón de libros. Korda fue quien en el 5 de marzo de 1960 tomó la fotografía más conocida de Ernesto Guevara de la Serna.

Paradójicamente, quien fuera un símbolo de la lucha en contra del sistema económico de libre mercado en ese entonces, es hoy uno de los productos más exitosos del capitalismo. Miles de entusiastas y charlatanes venden hoy su imagen sin pagar derecho alguno, so pretexto de recaudar fondos para una causa justa y crear la conciencia de clase que Marx acuñó.

Pero muy pocos se han interesado por lo que significó en realidad Ernesto Guevara. El conocimiento popular se vuelve tan vago en ese sentido, que se remite solamente a la magia de Hollywood y de artistas que encontraron en él un buen negocio; en su “poderosa II” y en sus anotaciones sobre la revolución cubana más recientemente. En sí, se ha hecho un ídolo de un ser humano; se ha narrado una historia mágica de una biografía. Se ha inmortalizado un mito.

Quienes lo idolatran y de él han creado escuela, desvirtúan la bondad de la ingenua casualidad de sus acciones; los que lo satanizan, minimizan la humanidad de su existir y la firmeza con la que creyó en los valores que promulgaba.

Opiniones de Ernesto Guevara han existido millones; tesis doctorales y estudios hemerográficos. Pareciera ser que se ha dicho todo de él y que mencionar una palabra en su nombre requeriría forzosamente un juicio de valor (y por ende la pérdida de todo intento de objetividad).

Sin embargo me permito dar una más.

Al pasar los ojos por su biografía, no queda en mí sino admirar la espontaneidad con que se fue construyendo su realidad histórica. Casi por casualidad y sin planearse (ni habérselo imaginado), el hijo no esperado; el doctor argentino apenas graduado y el ávido viajero que capturaba al mundo con su cámara, terminó comandando una guerra de guerrillas; precisando ataques de una revolución; dirigiendo las finanzas públicas de un país.

Lo envolvió en gran parte una sensación contagiosa entre los suyos del no individualismo; del nulo ensimismamiento. Y solamente así pudo dedicar su vida a lo que hizo.

El viaje, la soledad y la falta de un proyecto fueron los ladrillos que estructuraron un plan de vida.

Y desde que tuve oportunidad de entenderlo, me he venido a cuestionar si existe o no el destino. Y si en verdad los “héroes” comandan la incertidumbre.

1 comentario:

Veronika dijo...

Me encanto. Es increible tu capacidad de entender y sintetizar de una forma inteligente.

Y del simbolo capitalista en el que se ha convertido ... si renaciera se volveria a morir de solo verlo!!